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10 iconos artísticos por dentro y por fuera

Posted on 16-02-2020 by in Blog, REPORTAJES

Estas instituciones no han necesitado muchos años para convertirse en el auténtico emblema de cada ciudad, para revolucionar su agenda cultural y para transformar su entorno.

Cada día te vamos a presentar una de ellas, hasta completar el reportaje de las 10 maravillas para disfrutar por fuera, por su composición estética y aquitectónica, y por dentro, ya que albergan eventos culturales de distinta índole y primera línea.

1. Fundación Louis Vuitton (París)

El siempre imaginativo Frank Gehry demuestra en este edificio que su torrente creativo es inagotable. Desde que abriera sus puertas en 2014, esta especie de nube aterrizada sobre el bosque de Boulogne se ha erigido en un nuevo imprescindible gracias a unas exposiciones atractivas y a una agenda de conciertos y actos muy interesante auspiciada por el glamour de LVMH.

Desde fuera, circunvalarlo supone otearlo a través de árboles, posado sobre una laguna artificial y descansando sobre una de las praderas del zoológico vintage Jardin d’Acclimatation, cuyo acceso está incluido con la entrada general.

En su interior, las retinas disfrutan encontrando instalaciones de Olafur Eliasson, estimulándose con los cuadros y esculturas permanentes que dialogan con las sinuosas formas de cada una de las salas, descubriendo artistas en sus muestras temporales y paseando por sus terrazas, observando París desde una perspectiva única en la que parece más inmensa, si cabe.

Intervención colorida de Daniel Buren en la FLV

Además, en su hall principal alberga el restaurante Le Frank que, además de contar con un menú acorde a la calidad de esta institución, presume de estar iluminado por unas emblemáticas lámparas firmadas por el inconfundible Gehry.

En 2019, la Fundación Louis Vuitton superó el millón de visitas. Desde su apertura, en octubre de 2014, la programación cultural y el edificio han atraído a un total de 5.921.000 visitantes.

2. Fundación Luma, Arles (Provenza)

Cuando la filántropa y coleccionista Maja Hoffmann eligió en 2014 la ciudad de Arles para situar la nueva sede de su fundación no lo hizo por la herencia de Van Gogh o por el sol de la Provenza.

En lo que se fijó fue en el pasado industrial de este municipio y, en concreto, en los oxidados hangares de la compañía ferroviaria SNCF. Desde entonces, su objetivo ha sido el de darle una nueva vida a este complejo convirtiéndolo en el Parc des Ateliers, un ágora creativo lleno de talleres para artistas ideados por el estudio de arquitectura Selldorf.

La joya de la corona irrumpe con fuerza desde el horizonte. Se trata de la torre Luma, una escultura – edificio diseñado por Frank Gehry destinada no solo a ser el icono de la iniciativa sino también la sede de sus principales eventos y muestras a partir de 2020.

3. La Cité du Vin, Burdeos

Por mucho que el vínculo entre arquitectura y enoturismo sea muy estrecho, los diseños de bodegas siempre se habían inspirado en el entorno, en la naturaleza o en la filosofía de cada compañía vitivinícola.

Sin embargo, aquí el vino es el protagonista de todo, ya sea en su exhibición permanente donde se sirve de la tecnología para emocionar a todo tipo de visitante, en sus exposiciones temporales dedicadas a las diferentes dimensiones de la cultura vinícola o en su sede, una futurista construcción, obra del estudio XTU Architects, que se inspira en los remolinos que este líquido produce cuando se mueve en la copa.

El coupage de todo tiene como resultado un nuevo emblema para la zona de los Bassins à Flot que, en los últimos años, ha aprovechado el tirón de este complejo para reciclar su pasado industrial y abrir nuevos museos como el Musée Mer Marine.

4. MuCem, Marsella

Muy pocas ciudades en el viejo continente han sabido aprovechar la capitalidad cultural europea tan bien como lo hizo la metrópolis provenzal de Marsella en 2013.

Fue en este año cuando se inauguró el MUCEM (Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo), una institución con la que se ha logrado revitalizar su puerto histórico.

En su interior se muestran una serie de colecciones de objetos, restos arqueológicos, grabados y archivos sonoros desde la Prehistoria hasta el siglo XIX. Todo ello se complementa con exposiciones temporales de temática más amplia como la dedicada al precursor del Art Brut Jean Dubuffet que durará todo este verano.

Pero, por encima de todo, el MUCEM es la obra maestra con la que el arquitecto Rudy Ricciotti rediseñó la explanada J4 del muelle, ofreciendo al viajero una nueva forma de mirar tanto al mar como a la ciudad de Marsella, a través de una larga pasarela elevada que conecta el museo con el fuerte Saint Jean.

5. Louvre – Lens

En este edificio de Lens no existe mayor simbología que la que dicta su emplazamiento: sobre una antigua mina de carbón cerrada en los años 60. Es decir, su existencia es en sí mismo una metáfora en la que el arte triunfa ante la desindustrialización.

Pero, más allá de este primer dato, lo que sorprende de esta sucursal del mayor museo del mundo, el Louvre, es que está pensada por y para ensalzar las obras que tiene dentro.

No en vano, el diseño corresponde a SANAA, un estudio que destaca por su visión sencilla, minimalista y no invasiva de la arquitectura. Por eso, aquí todo es eficacia y belleza sutil, con grandes salas en las que todo versa en torno a lo que aquí se enseña y que se estructura en grandes exposiciones temporales.

6. Musée de la Romanité, Nîmes

Si por algo destaca Nîmes situada cerca del Mediterráneo es por haber sabido integrar su completísimo pasado romano en la contemporaneidad. El último ejemplo de ello es este museo abierto en 2018, un centro que es mucho más que un muestrario de mosaicos, capiteles y estatuas y un espacio para exposiciones como la que le dedica a Pompeya este mismo verano y que tiene muy buena pinta.

Es un edificio que su arquitecta, Elizabeth de Portzamparc, ha concebido como lugar de encuentro, hedonismo y memoria. No en vano, su pasaje de acceso respeta el trazado de la antigua muralla del Imperium y lleva a un parque arqueológico abierto a todos los viandantes.

En lo más alto, un frondoso e inesperado jardín preludia las vistas sobre el asombroso anfiteatro mientras que su piel exterior está creada a base de teselas que se mecen imitando los pliegues de una túnica romana. En definitiva, su diseño está pensado para atraer a todo tipo de viajeros.

En su interior, una museografía muy innovadora y una escenografía envolvente con realidad aumentada y tecnologías audiovisuales monumentales de primer nivel.

7. Centre Pompidou, Metz

Corría el año 2010 y el mundo de la arquitectura y la cultura estaban ante una disyuntiva: o hacer museos icónicos y virales o crear espacios funcionales para todo tipo de lenguaje artístico. Fue entonces cuando apareció este edificio proyectado por Shigeru Ban para demostrar que ambas ideas no eran excluyentes.

Por un lado, este espacio permite exponer obras de más de 15 metros de altura en sus amplísimas y polivalentes salas. Por el otro, tiene una cubierta que es ya la imagen más reconocible de Metz y que está inspirada en un sombrero chino que Ban descubrió en París. Una mezcla que impulsó a su creador a alzarse con el premio Pritzker cuatro años más tarde con este edificio como mascarón de proa.

Hoy en día, se ha convertido en el reclamo más sorprendente de esta urbe y no sólo por su fotogenia y su efecto llamada, sino también por las exposiciones únicas que alberga y que beben de los fondos estatales de arte contemporáneo.

Ejemplo de ello es la retrospectiva dedicada a Lee Ufan, un artista coreano pionero en acercar Oriente a Occidente que durará hasta finales de septiembre o la muestra que recopila las creaciones visuales y los disruptivos trajes corporales de la alemana Rebecca Horn que se extenderá hasta 2020.

8. Musée des Confluences, Lyon

En la última década, Lyon se ha afanado en reconvertir todo el barrio de La Confluence (confluencia de dos ríos, Rhône y Saône) en un laboratorio urbanístico donde hay edificios y proyectos de algunos de los más grandes arquitectos de la contemporaneidad.

Eso sí, su emblema es este museo arqueológico y etnográfico proyectado por el siempre innovador y fastuoso estudio austriaco Coop Himmelb(l)au que sorprende por su forma, su nube que ejerce de hall de bienvenida y por sus miradores exteriores desde donde se saluda al Mont Blanc en los días soleados.

Desde un punto de vista arquitectónico, este museo está a la altura de sus ambiciones. Un suelo de vidrio se destaca en el corazón del edificio. De la estructura, dos bloques emergen claramente: el «cristal», al norte, donde se encuentra la entrada principal, clara y monumental; y la «nube», cuerpo principal, formado por 8 salas de exposición opacas.

Sobre una superficie de más de 3.000 m2, la ruta permanente ofrece una historia en cuatro actos, cuatro salas con escenografías excepcionales: Orígenes, historias del mundo; Especies, la malla de la vida; Sociedades, el teatro de los hombres y Eternidades, visiones desde más allá.

Este museo cuenta con más de 2 millones de objetos reunidos sobre el periodo que va desde el siglo XVI hasta nuestros días. ¿La mayor atracción del museo? Dos esqueletos de dinosaurio, completos en un 80%, que encantarán a los visitantes deseosos de comprender la vida en la Tierra.

9. Musée Soulages, Rodez

Si por algo brilla este lugar es por ser el fruto de una colaboración entre el mayor pintor francés vivo, Pierre Soulages, y el estudio de arquitectura más particular de la actualidad: RCR Arquitectes. Un binomio responsable de revolucionar por completo Rodez mediante un museo que se podría definir como insólito.

¿Por qué? Pues porque es el único en el que el artista ha trabajado codo con codo con los diseñadores para idear ambientes en los que se potencia el visionado de su obra.

Es decir, para crear una experiencia en la que el visitante se sumerge entre capas de pintura y salas austeras en busca de la luz y en la que se comprende mucho mejor los leitmotiv de un genio que en 2019 cumplió 100 años y cuya figura protagoniza las exposiciones más destacadas de los próximos meses.

Además, su emplazamiento en pleno parque regala a Rodez un nuevo espacio verde que ejerce de antesala, también, del Café Bras, su restaurante, y de la icónica catedral de Notre-Dame.

10. Unyerlinden, Colmar

El sino de este museo de Colmar es mostrar la colección de arte sacro de la región y ensalzar el magnífico Retablo de Isenheim. El maravilloso políptico que pintó en el siglo XVI Matthias Grünewald es de un misticismo violento tan magnético que hoy en día sigue sorprendiendo.

Por eso, cuando el estudio suizo Herzog & de Meuron abordó la renovación de este complejo lo hizo pensando en su obra maestra, incidiendo lo mínimo en el antiguo convento de monjas dominicas donde se ubica y aportando unos detalles que ensalzan la belleza de sus estancias y su claustro.

· Fuente: Turismo de Francia

 

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